Mario Adrados Netto

Programador, peregrino, papiroflecta, letrista, kizombeando con la vida.

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Captura de una pantalla con código de programación
Cerebro formado por piezas de puzle mientras una mano coloca la última pieza

Me gusta resolver cosas.

Por publicar mi libro de papiroflexia aprendí a diseñar y maquetar con un ordenador. Por darle publicidad aprendí HTML y JavaScript. Por gestionar nuestro aviario, PHP y MySQL.

Nunca decidí ser programador. Simplemente había cosas que quería hacer y no sabía cómo hacerlas, así que fui aprendiendo.

Y en algún momento, casi sin darme cuenta, aprender a resolver mis propios problemas se convirtió en mi forma de ganarme la vida.

También me gusta contar historias.

Desde siempre me ha gustado contar historias. Imaginar personajes, momentos, sentimientos... y encontrar las palabras para darles forma.

Pero descubrí todo un mundo nuevo cuando empecé a ponerles música. Una canción permite contar una historia y, al mismo tiempo, hacer sentir algo a quien la escucha.

Me parece maravilloso poder convertir en canciones mis deseos, mis anhelos, mis sentimientos o simplemente esas historias que un día aparecen en mi cabeza y piden ser contadas.

Así nació Las letras de mi vida: historias que antes escribía y que ahora también puedo escuchar.

Mi última canción

Otra noche más
La Dama, figura de papiroflexia de diseño propio
La Dama — diseño propio

A veces con una hoja de papel.

Entonces no lo sabía, pero la papiroflexia es una maravillosa unión entre matemáticas y arte.

Empecé a plegar e inventar figuras siendo niño. Lo dejé durante años, pero la pasión volvió cuando descubrí a otros papirolocos con los que compartir ideas, desafíos y sueños.

Con el tiempo empecé a crear mis propios diseños, a experimentar y a descubrir que de una simple hoja de papel podían surgir formas que antes solo existían en mi imaginación.

De aquella pasión nacieron mis libros y, sobre todo, la certeza de que con una hoja cuadrada, paciencia e imaginación puedes transformar algo aparentemente imposible en algo real.

A veces necesito echar a andar.

Por circunstancias de la vida tuve que esperar hasta los 44 años para hacer mi primer Camino de Santiago. La experiencia fue tan increíble que volví a hacerlo dos veces más. La última, recorriendo el Camino Francés completo. Y todavía queda alguno pendiente.

Me gusta incluso lo que ocurre antes de empezar: la preparación, imaginar las etapas, decidir qué llevar y, sobre todo, qué dejar atrás. Después llegan los amaneceres, los kilómetros, el cansancio, las personas maravillosas que aparecen por el camino y también esos largos ratos de soledad en los que solo estás tú contigo mismo.

Antes de comenzar el primero pensaba mucho en todo lo que podría sacar de aquellas horas caminando. En las cosas que tendría tiempo de pensar, ordenar o resolver.

Luego descubrí que el Camino no consiste tanto en lo que sacas de ti mientras andas, sino en todo lo que va entrando dentro de ti mientras lo haces.

Sombra de un peregrino con mochila y bastón caminando por el Camino de Santiago
En algún lugar del Camino, la canción que le hice.
Ilustración de una pareja bailando

También se puede hablar sin palabras.

Por azares del destino acabé aprendiendo a bailar. Probablemente una de las cosas más alejadas de todo lo que alguna vez hubiera imaginado hacer.

Y me costó. Mucho. Aquel puente entre música, cerebro y cuerpo sencillamente no estaba construido. Hubo que hacerlo poco a poco, hasta que pensar un movimiento dejó de ser necesario y el cuerpo empezó a encontrarlo por sí solo.

Después descubrí todo lo demás: el ambiente, el ejercicio, las endorfinas y, sobre todo, esa sensación increíble que aparece cuando consigues conectar bailando con otra persona.

Mis dos bailes favoritos lo son por razones completamente diferentes. La salsa, por su energía, por la belleza de sus pasos y por cómo se construyen y encajan unos con otros. La kizomba, por algo casi opuesto: la cercanía, la conexión y la precisión de cada movimiento.

Porque en kizomba el movimiento no se marca. Se sugiere. Y cuando funciona, dos personas pueden entenderse sin necesidad de decir una sola palabra.

Durante un tiempo vivimos de un sueño.

Hubo un momento en el que dejamos atrás lo que teníamos para intentar vivir de algo completamente distinto: nuestro aviario de psitácidas.

Lo hicimos todo. Albañilería, jaulas, nidos... Todo el proyecto salió de nuestras cabezas y acabamos construyéndolo con nuestras propias manos.

Nuestra vida, nuestra rutina y buena parte de nuestra subsistencia giraban alrededor de aquellos pájaros. Aprendimos a criar, observar, cuidar, entender comportamientos y convivir con animales capaces de sorprenderte continuamente.

Los criábamos a mano desde que salían del huevo hasta que estaban preparados para ir con sus nuevas familias. Un proceso de crianza y socialización tan trabajoso como increíblemente adorable.

Durante años aquel sueño fue nuestra forma de vida.

Polluelos de Pyrrhuritas Melanura criados a mano en nuestro aviario
Polluelos de Pyrrhuritas Melanura criados a mano en nuestro aviario.
Ilustración conceptual sobre preguntas, ciencia, naturaleza, mecanismos e ideas

Demasiadas preguntas interesantes.

Hay pocas cosas que disfrute más que encontrarme con algo que no entiendo y empezar a hacer preguntas.

No importa demasiado de dónde venga. Puede ser el funcionamiento de la memoria, el comportamiento de un animal, por qué hacemos las cosas que hacemos, una paradoja de la física cuántica o simplemente preguntarme si algo que parece imposible podría hacerse de otra manera.

No necesito dominar un campo para sentir curiosidad por él. Me gusta leer, escuchar a quienes saben mucho más que yo, intentar comprender los principios, relacionar ideas que aparentemente no tienen nada que ver y hacerme preguntas. Muchas preguntas.

Algunas terminan en una respuesta. Otras en una idea, un dibujo, un experimento mental o una conversación de horas. Y muchas simplemente llevan a una nueva pregunta.

Porque aprender algo nuevo es maravilloso, pero descubrir una pregunta en la que nunca habías pensado puede ser todavía mejor.